26 abril 2010
Eclesiología: LA IGLESIA COMO SACRAMENTO DE SALVACIÓN
La palabra de Padre se ha revelado de manera definitiva y universal, situada histórica y temporalmente, entonces lo histórico, temporal y concreto, ha llegado a ser el lugar y medio de salvación. Este
elemento concreto que es esencial a la revelación cristiana implica de por sí el recurso a la Iglesia. La universalidad y definitividad de la salvación traída por la figura de Jesucristo, encarnado, muerto y
resucitado, como mediador visible y sensible entre Dios y los hombres, implica que esta misma salvación y este mismo mediador deben continuar presentes y actuantes en la historia humana presente y futura, también de modo visible y sensible hasta el fin de los tiempos. Así pues, a partir de la encarnación de Cristo la salvación de Dios llega a través de mediaciones. En este contexto es entonces en donde se entiende auténticamente la realidad y la necesidad de la iglesia y de su misión en todo el mundo, ella esta constituida como presencia permanente de Cristo, para mediar en la entrega de todos los hombres a Dios a través de Cristo.
La Iglesia es en Cristo como sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano y Cristo al resucitar de entre los muertos, envió su Espíritu de vida a sus discípulos y por medio de él constituyó a su cuerpo, la Iglesia, como sacramento universal de salvación. A partir de esa condición de sacramento la Iglesia pertenece a Cristo ya que Él, por medio del Espíritu, la constituyó su Cuerpo y también a través de ella Dios actúa a favor de los hombres. Es decir la Iglesia como sacramento, por su relación con Cristo y con los hombres, se coloca en la mediación entre Dios y los hombres. Entonces este concepto de sacramento debe expresar la unidad inseparable y la diversidad infranqueable entre la Iglesia y la autocomunicación de Dios en Jesucristo y en el Espíritu Santo.
La salvación no puede ser separada de la Iglesia. La Iglesia es la presencia actuante de Jesucristo a través del Espíritu, la iglesia no es el fin en sí misma sino que está ordenada al Reino de Dios. La
Iglesia como sacramento es germen segurísimo de unidad, de esperanza y de salvación, además de ser signo e instrumento es también la realidad significada y causada, es decir, el reino ya presente y actuando en medio nuestro.
Igualmente se debe decir que la Iglesia es sacramento del Espíritu porque no solo es templo del Espíritu sino es también obra del mismo.
La Iglesia a través de la Palabra y los sacramentos comunica a los hombres el Espíritu para hacerlos partícipes de la santidad de Dios en la comunión con su Hijo.
La Iglesia es la comunidad de fe creada por Jesucristo y su Espíritu Santo y anterior a sus miembros que acoge a estos en el bautismo y los hace participar en su vida.
Finalmente la sacramentalidad de la Iglesia implica también su condición escatológica. De una parte de ella está siempre en camino y con el sello de la provisoriedad, por otra parte como vive ya los
bienes definitivos hay en ella una condición de definitividad. La Iglesia a la que todos estamos llamados en Cristo y en la que conseguimos la santidad por la gracia de Dios, solo llegará a su perfección en la gloria del cielo.
elemento concreto que es esencial a la revelación cristiana implica de por sí el recurso a la Iglesia. La universalidad y definitividad de la salvación traída por la figura de Jesucristo, encarnado, muerto y
resucitado, como mediador visible y sensible entre Dios y los hombres, implica que esta misma salvación y este mismo mediador deben continuar presentes y actuantes en la historia humana presente y futura, también de modo visible y sensible hasta el fin de los tiempos. Así pues, a partir de la encarnación de Cristo la salvación de Dios llega a través de mediaciones. En este contexto es entonces en donde se entiende auténticamente la realidad y la necesidad de la iglesia y de su misión en todo el mundo, ella esta constituida como presencia permanente de Cristo, para mediar en la entrega de todos los hombres a Dios a través de Cristo.
La Iglesia es en Cristo como sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano y Cristo al resucitar de entre los muertos, envió su Espíritu de vida a sus discípulos y por medio de él constituyó a su cuerpo, la Iglesia, como sacramento universal de salvación. A partir de esa condición de sacramento la Iglesia pertenece a Cristo ya que Él, por medio del Espíritu, la constituyó su Cuerpo y también a través de ella Dios actúa a favor de los hombres. Es decir la Iglesia como sacramento, por su relación con Cristo y con los hombres, se coloca en la mediación entre Dios y los hombres. Entonces este concepto de sacramento debe expresar la unidad inseparable y la diversidad infranqueable entre la Iglesia y la autocomunicación de Dios en Jesucristo y en el Espíritu Santo.
La salvación no puede ser separada de la Iglesia. La Iglesia es la presencia actuante de Jesucristo a través del Espíritu, la iglesia no es el fin en sí misma sino que está ordenada al Reino de Dios. La
Iglesia como sacramento es germen segurísimo de unidad, de esperanza y de salvación, además de ser signo e instrumento es también la realidad significada y causada, es decir, el reino ya presente y actuando en medio nuestro.
Igualmente se debe decir que la Iglesia es sacramento del Espíritu porque no solo es templo del Espíritu sino es también obra del mismo.
La Iglesia a través de la Palabra y los sacramentos comunica a los hombres el Espíritu para hacerlos partícipes de la santidad de Dios en la comunión con su Hijo.
La Iglesia es la comunidad de fe creada por Jesucristo y su Espíritu Santo y anterior a sus miembros que acoge a estos en el bautismo y los hace participar en su vida.
Finalmente la sacramentalidad de la Iglesia implica también su condición escatológica. De una parte de ella está siempre en camino y con el sello de la provisoriedad, por otra parte como vive ya los
bienes definitivos hay en ella una condición de definitividad. La Iglesia a la que todos estamos llamados en Cristo y en la que conseguimos la santidad por la gracia de Dios, solo llegará a su perfección en la gloria del cielo.
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