Citas Bíblicas

Trata de que Dios pueda contar contigo; sé como obrero irreprensible, experto en el manejo de la palabra de la Verdad (2 Tim2, 15)
Cuidense de que nadie los engañe con sabidurías o con cualquier teoría humana; pues este es el camino del mundo y no de Cristo. (Col 2,8)

26 abril 2010

Eclesiología: EL SENTIDO DE LA IGLESIA

En la sociedad actual la Iglesia va siendo desplazada a un segundo plano. Hoy la sociedad tiene dos tendencias, un lado una socialización creciente y por otro lado el individualismo. En esta concepción de sociedad la Iglesia no tiene cabida porque es considerada autoritaria y cerrada, tanto que se la culpa de interferir en los avances
científicos, en crear problemas con el Estado y por su teología moral demasiado estricta, no da cabida al bienestar y ala libertad total del hombre.
Cuando se menciona que para la salvación del hombre es necesaria la Iglesia, se dice que no hay nada que salvar y si algunos hombres reconocen la necesidad de alcanzar la salvación esto no implica hacerlo por medio de la Iglesia.
Ahora bien, si la Iglesia es obra de Dios según las fuentes de la revelación, no tomaríamos en serio a Dios si no tratásemos de comprender la razón por la que Él la ha instituido. El problema del sentido de la Iglesia es una cuestión clave.
El problema tendrá que ser necesariamente fragmentado por un doble motivo, primero la actuación salvífica de Dios está por encima de nuestras decisiones y en consecuencia solo puede ser comprendida globalmente. En virtud del carácter misterioso, dicha respuesta no podrá ser enteramente satisfactoria, pues no elimina toda objeción. O sea que la respuesta habrá de plantearse siempre y únicamente, desde la totalidad de una dogmática histórica- salvífica.
La salvación divina es una gracia de Dios que realiza la salvación del hombre. Por ello tiene que ser por una parte autodonación de Dios al hombre y por otra debe tener una configuración humana. Lo que significa que tiene que afectar al hombre en cuanto ser histórico y social.
En cuanto historia de la salvación se ha desarrollado en tres periodos Ante Legem, Sub Lege y Sub Gratia.
Ante Legem: El dogma trinitario constituye a la afirmación fundamental y radical de toda teología cristiana. El es en cuanto Padre la vida infinita y perfecta, que se expresa en el Hijo como verdad infinita y que se regala y se interioriza como amor perfecto en el Espíritu Santo. Dios se basta asimismo, pero inesperadamente realiza la
creación en un acto libre. La creación es la demostración y comunicación del amor vivo y verdadero del Creador y si dentro de la creación existen criaturas personales capaces de reflexionar sobre la realidad y consagrarse a ella, la realización de la creación tendrá que ser también, simultáneamente, revelación de Dios a este ambito
personal. La realidad de Dios se convierte en interpelación para el espíritu creado.La interpelación de Dios es total en un doble sentido: en cuanto plena autoexpresión de Dios y en cuanto dirigida a la totalidad del hombre. La misma tiene lugar como una con-vocación a la asamblea de la con-sonancia con los demás hombres y en con-cordancia con Dios. La voactio de Dios es con-vocatio y con-gregatio a la vez.Cuando el hombre percibe esta vocación y la sigue, realiza en la respuesta total la interpelación de Dios. Pero dado que ésta es comunicación de la vida divina como palabra de verdad y como acto de amor, es también aceptación de la salvación por parte del hombre.
Convocatio y congregatio constituyen a su vez el contenido de la ekklesia. La Iglesia es, por una parte, el llamamiento que surge como pura gracia del poder omnímodo de Dios que congrega a los hombres,
reuniéndolos en la comunidad de aquellos que en el amor y en la fe obedecen a la interpelación divina y es por otra parte, la comunidad misma que a través de su propia existencia, verifica la proclamación de la salvación de Dios en la realidad social e histórica del mundo.
También se puede afirmar que la Iglesia es el diálogo de Dios y el mundo a través del hombre.
Esto significa que la Iglesia existe desde el momento en que Dios se abre en la palabra hacia el hombre y mientras perdura esta situación.
La existencia de la Iglesia aparece en esta perspectiva como consecuencia de la actuación salvífica de Dios: no debe su origen a sí misma o a cualquier otra iniciativa humana, sino a Dios. La Iglesia es así el fruto de la salvación divina como presencia del Dios trinitario, aunque en ningún momento pueda ser identificada y
confundida con la salvación. La Iglesia se convierte así en una parte del gran gesto de Dios, que en la convocatio crea a la Iglesia y atrae al mundo como mundo suyo hacia el amor divino de su corazón. En cuanto a fruto de la salvación, la Iglesia es también medio de esa misma salvación.
La Iglesia adquiere así una doble orientación: hacia Dios y hacia el mundo, viniendo a representar la forma concreta del llamamiento de Dios y la respuesta concreta del mundo y la gracia es el contacto entre ambos.
ECCLESIA SUB LEGE
En la historia universal se rompió el anillo que unía a Dios y a la humanidad al cerrarse los hombres, en el pecado, al amor de Dios. La consecuencia del ansia de poder fue la impotencia y el efecto de una vida autónoma, la muerte. La fidelidad del amor divino se hace patente en que, a pesar de todo, Dios no abandonó a la humanidad ni al mundo a sí mismos, antes lo contrario, Dios extendió nuevamente sus brazos para abrazar con amor a su criatura, amor que ahora se convierte en amor de perdón y reconciliación. Su salvación acaese entonces bajo la figura de la elección de un pueblo entre otros muchos pueblos. El llamamiento divino se dirige expresamente a Israel para hacer de él la convocatio de su salvación en la congregatio de los judíos. En el
pacto de alianza con Israel se suelda el anillo de uníón entre Dios y la humanidad. La sinagoga es la expresión de esta elección. La salvación es ahora una elección por eso surge una importante diferencia respecto de la humanidad total. Mientras la ecclesia ante legem abarcaba a toda la humanidad, la ecclesia sub lege muestra ahora la necesidad de la conversión libre y consciente.
ECCLESIA SUB GRATIA
La epifanía definitiva y suprema de la salvación divina es Jesucristo. En él se comunica al mundo la plenitud de la vida divina como palabra absoluta de verdad que se expresa para el mundo en el amor del Espíritu Santo, por cuya unción Jesús se convierte en Cristo en el bautismo.
Cristo es así el gesto visible y perceptible del amor de Dios, la aparición de su ser para nosotros.La salvación como elección aparece así, una vez más, como salvación en solidaridad. Con los conceptos de solidaridad, vicariedad y representación se describe una dimensión de la historia de la salvación según la cual el destino de la humanidad se realiza de tal forma que en uno son afectados muchos, tanto en la salvación como en la condenación.
En un único Adán hemos pecado todos, Abrahán, el justo se solidariza con los injustos habitantes de Sodoma, Moisés muere fuera de su tierra prometida por todos los que habían muerto anteriormente. En el A.T. la
idea de la representación vicaria y solidaria alcanza su punto culminante en la concepción del Siervo de Yahvé.
Su realización última tiene lugar en JESUCRISTO, que se consideró a sí mismo como el siervo doliente de Yahvé. En el bautismo del Jordán, Jesús se incorpora oficialmente al destino de la humanidad al ser ungido como Mesías por el Espíritu. En la última cena se proclama una vez más como representante de la multitud que asume sobre su destino de muerte por esa multitud y se ofrece permanentemente por ella en la eucaristía hasta que vuelva. Al hacerse pecado por nosotros, se convierte en nuestra salvación.
La plena solidarización con nuestro destino aparece con una claridad definitiva en el descenso de Cristo a los infiernos y a partir de él, tiene lugar la peripecia de la historia en cuanto que Cristo realiza la salvación como resucitado de entre los muertos.
En cuanto Hombre- Dios la conduce por medio de la obediencia a su perfección y al mismo tiempo, la supera en una forma insospechada. En su existencia terrena, el ser de Cristo como apertura para los demás se hace patente sobre todo por su solidaridad con los más pequeños, los pecadores y los sencillos, en una palabra con los pecadores. Esto aparece de forma irrebatible en los casos en que Jesús convoca hacia sí a los pobres y a los débiles para encomendarles la continuación de su propia misión salvadora. El establece la Iglesia sobre el
fundamento de los apóstoles.
La Iglesia de la nueva alianza se halla así en continuidad con todas las demás formas de ser eclesiales, en cuanto que la misión de Cristo representa un momento, aunque singular, de la única actio salutaris del Dios Trino. La novedad y la singularidad de la Iglesia del NT no puede ser expresada con mayor claridad que por su designación como Iglesia de Cristo en cuanto que Cristo no es solo fundador en sentido cronológico, sino que además se halla permanentemente presente en ella de forma tal que sus estructuras están marcadas con su huella.


CARATER CRISTOLÓGICO DE LA IGLESIA

La Iglesia nació en la cruz al ser abierto por la lanza el costado de Jesús y brotar de él sangre y agua elementos que han sido interpretados como símbolo de los sacramentos del bautismo y de la eucaristía, constitutivos de la Iglesia. En la misión del Espíritu en Pentecostés esta tarea adquiere un carácter público y oficial.
La Iglesia alaba a Dios en el Dios-Hombre: esto es la salvación. En cuanto fruto de la salvación, la Iglesia del NT es también instrumento y medio de la misma. La Iglesia se halla tan unida a Cristo por la eucaristía que se constituye en pueblo suyo a través de su cuerpo, y en cuanto pueblo suyo, es a su vez transformada en cuerpo de Cristo.
Fuera de ella no se hace presente la plenitud de Cristo. Como sacramento fundamental y universal, la Iglesia es el sacramento de la salvación de Cristo para el mundo. La Iglesia no es la salvación, sino únicamente un signo de ésta, aún cuando sea preciso pasar a través de tal signo para llegar a la salvación.

APOSTOLICIDAD DE LA IGLESIA

La apostolicidad significa sencillamente que la salvación de Cristo nos es comunicada a través de unos hombres que nos la transmiten con potestad delegada por el mismo Cristo.
Desde el punto de vista eclesiológico, todo esto significa que la Iglesia no sólo se define por el carácter divino de su esencia, sino también por su carácter humano.Por eso la Iglesia vive en la historia bajo dos aspectos el divino dado por la presencia de Cristo y el pecaminoso por la naturaleza del hombre.
La estructura apostólica de la Iglesia esclarece su distinción respecto de Cristo, lo cual impide considerarla como continuación de la encarnación o utilizar fórmulas que hablen de una unión hipostática entre Cristo y la Iglesia. El condicionamiento de Cristo derivado de la encarnación se refiere únicamente a la contingencia humana, no a la
pecaminosidad humana que no afecta a Cristo pero si a los apóstoles, los cuales sólo pueden llegar a ser portadores de la revelación y mediadores de la salvación cuando ellos mismos han conseguido el perdón y han demostrado su fe. Esto mismo puede expresarse en una fórmula teológica: la unidad de la Iglesia con Cristo no es la unidad propia de la hipóstasis, sino de la alianza.
En cuanto comunidad de creyentes en Cristo, la Iglesia es la asamblea de aquellos que han aceptado el gesto reconciliador de Dios.
La proclamación de la fe y la administración de los sacramentos constituyen así el sector preferente de las tareas que competen al ministerio ejercido por delegación en la Iglesia.
La iniciativa de la fundación de la Iglesia como comunidad salvífica procede de Cristo; por eso su importancia y su efectividad real no dependen nunca del número de sus miembros ni de sus cualidades morales, sino de la medida de la gracia que crea aquel ámbito de salvación, en el cual estan siempre los hombres, que en la fe y en el
amor se apropian los frutos de esa salvación. La iglesia no es ni cuerpo solamente ni esposa, ni pueblo ni templo exclusivamente, sino todo ello a la vez. La Iglesia de Cristo es una, santa católica y apostólica.

EL MINISTERIO DE LA IGLESIA

No posee una existencia autónoma e independiente, sino que debe graciosamente su ser a un doble motivo: es fruto e instrumento de la acción salvífica divina y es representante del mundo. El sentido y la misión de la Iglesia es: ella es el lugar del contacto entre Dios y la humanidad, el punto de encuentro entre lo finito y lo infinito.
Ella es la apertura del ser de Dios para el mundo; la vida divina como comunicación de la verdad y del amor de Dios, de su presencia en el mundo. La Iglesia cumple su misión por medio de la proclamación de la palabra de la verdad, por la administración de los sacramentos vivificadores y como praxis del amor en su diakonia. Pero ´por sobre todo la Iglesia deberá atender al ejercicio del amor. No se da el amor en abstracto, tampoco existe un amor teórico.
La relación de amor se da, en primer término, dentro de la comunión eclesial; es la realización intraeclesial del amor de Dios para con los hombres, esta relación de amor no puede quedar reducida a la pequeña comunidad de la Iglesia sino que tiene que abrirse hacia el mundo entero. La salvación de Dios no conoce fronteras. En cuanto que los hombres están orientados hacia Dios, el mundo está orientado hacia él como hacia su futuro absoluto.
La eclesialización del mundo condujo a la mundanización de la Iglesia, cuando su tarea habría de consistir en conducir al mundo hacia sí mismo, porque este no se encuentra en sí, sino en poder de las tinieblas o sea el pecado. La Iglesia está llamada a hacerlo retornar a sí mismo, en cuanto que se reconoce como creado y por ello, como dependiente del Dios creador. El mundo se reconoce como redimido al abrirse al amor de Dios.
La pobreza es la forma en que la Iglesia hace retornar al mundo a sí mismo. Cristo llevó a cabo la salvación identificándose en la kenosis con la realidad cotidiana y abdicando al poder, en una obediencia absoluta y en el olvido de sí, en respuesta a la voluntad del Padre.
La pobreza de Cristo que la Iglesia tiene que ejercitar es, por tanto, amor; lo cual equivale a la renuncia a los deseos de tenencia y posesión. De esta forma, la Iglesia, al ser y hacerse pobre, puede revelar ante los ojos del mundo el poder del amor y vigorizarlo, y liberarlo del mal.
Sin embargo la pobre no es pasividad. La dinámica del amor impulsaa la Iglesia hacia el mundo para anunciarle claramente que lo antiguo ha pasado ya y todo se ha hecho nuevo. En este aspecto el ministerio de la Iglesia es transformación del mundo y está se da en la misión.
La Iglesia se considera a sí misma como comunidad y como medio de salvación, dado que se considera como comunidad salvífica y escatológica. La Iglesia sabe que ella no es la verdadera causa de la salvación y que Dios sigue siendo libre para otorgar la salvación también por medio de ella en aquellos casos en los que alguien no se
halle convencido del amor de la misma Iglesia. Es cierto que en virtud de la constitución de la Iglesia, no se da fuera de ella salvación alguna, pero esta afirmación no es válida tanto respecto de las personas cuanto en relación con la Iglesia misma.
El hombre alcanza su salvación, no a través de un anónimo ser cristiano que consistiese en una mera actuación según la buena volundad, la honradez y la conciencia. De ser así, el hombre sería en definitiva el instrumento de su propia salvación y no aparecería claro el cómo y el porqué la Iglesia podría y debería ser el medio absoluto de salvación. Precisamente por esta razón la Iglesia deberá poner el máximo empeño en conducir al individuo a Cristo, incorporándolo a sí mismo en cuanto cuerpo de Cristo.
En la misión de los paganos la Iglesia cumple, por tanto, una parte esencial de su tarea salvífica: ganar hombres para Cristo. La salvación de los infieles no es la salvación propia de la Iglesia, sino la salvación de Cristo.
El pecado del mundo tuvo como consecuencia la destrucción del orden y de las relaciones intramundanas, la consecuencia del pecado es la carencia de la paz, por lo tanto la salvación del mundo es la restauración del orden y las relaciones en la verdad, la justicia y el amor.
El servicio de la Iglesia al mundo es, por tanto, un servicio de paz. La Iglesia está capacitada para esta función, porque también ella es el resultado de la iniciación de una alianza de paz por Cristo en la cruz, donde los dos grupos de hombres judíos y paganos fueron acercados a la paz Así como la Iglesia no sirve al mundo si lo eclecializa, así tampoco lo sirve por su propia mundanización, es decir: tiene que estar en el mundo sin ser del mundo. La iglesia vive plenamente insertada en la historia y forma parte de la misma cayendo bajo las leyes de la
historicidad, de ello se deriva el carácter político de la Iglesia. Esta no es una sociedad privada , secreta que oculta al mundo ciertas intenciones misteriosas, sino que es una Iglesia pública constituida socialmente según un modelo determinado.
El servicio de la Iglesia al mundo no tiene lugar en nombre y por cuenta propia de la iglesia, sino que es el cumplimiento de una tarea impuesta por Dios. Este servicio es ministerio litúrgico cumple su misión y alcanza su plena configuración cristianizando al mundo, se santifica a sí misma por medio de la gracia de Cristo; salvando a
otros. Este ministerio litúrgico encuentra su expresión suprema y más vital en la celebración de la eucaristía. De este modo Dios es glorificado en la más alta medida posible porque Cristo mismo se ofrece al Padre.
Así desemboca toda la actividad de la Iglesia en el amor de Dios que constituye a su vez el punto de partida y su plano de sustentación. La Iglesia es la representación del mundo que alcanza la vida del Padre en la verdad del Hijo y en el amor del Espíritu

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